ORGULLOSA

Conozco el abismo,
llegué a palparlo,
reconozco su olor acre y su regusto a hiel.
Sé de los peores duelos,
los que transitan sin palabras
porque ninguna alcanza.
Probé, claro que probé,
las socorridas pastillas del
“no sufras más”,
y funcionan, es cierto,
porque te quitan el sentir,
que es estar vivo y consciente.
Transité en blanco noches negrísimas,
me desalojaron sequías y tempestades.
Pero sobreviví… y aquí estoy,
orgullosa de ser la suma de todos mis pedazos.
Qué remedio.

(Elvira Laruelo)

SIN TUMBA

La imagen del desamparo más recurrente,
terrible y absoluta que conozco
es, quizá, 
la de ese pobre gato muerto
en la carretera
a quien todos esquivan
rehuyendo los neumáticos
y la mirada,
digno en su soledad humillante,
en su figura simbólica,
definitiva y poderosa
de cadáver sin tumba,
sin flores,
sin nadie que lo recuerde
ni lo llore.

(Elvira Laruelo)

BILLETE DE VUELTA

Un asiento de ventanilla
-los árboles corren llamando lluvia
y afuera
tras los montes
la tormenta estalla-
ecos de conversaciones y risas cómplices,
amistad con mayúsculas,
libros nuevos descansando sobre el asiento de al lado,
estaciones borrosas por el anochecer
y el agua dibujando senderos cristales abajo,
el verano que escapa,
el otoño que aguarda
y una voz
una voz susurrándome muy cerca
que esa sombra que se funde silenciosa
sin encajar del todo con nada,
soy yo.

(Elvira Laruelo)

LA CITA

Está esperándome allí
donde nace el rumor del agua,
donde se cultivan las palabras y los besos.
Yo acudiré
puntual
cuando el viento desordene mi memoria
y los pasos se me pierdan en la senda del adiós.

(Elvira Laruelo)

ANOCHECE

Es domingo y anochece.
Si de pronto pudiera gritar,
dar puñetazos al viento
y llorar
lágrimas abajo
cuanto me aflige
¿vendría alguien a ofrecerme su mano,
su hombro
o su pañuelo, al menos?
¿Podría alguien
encontrar las palabras,
el murmullo
o el gesto
que alcanzasen a calmar mi dolor
por un instante?
¿Entendería alguien
que no es necesario nada
para sentir cómo rebosa
lo que hace daño, todo,
y que la razón
ni la esperanza
no son suficientes
para alzarse como diques firmes
entre el desgarro y la paz?
Los minutos escapan,
mientras
se llenan las carreteras
y se vacían las playas.
Allá lejos, en otra orilla,
recogen a sus muertos,
naúfragos de otros diques
que tampoco nadie
alcanzó a contener.
Pero es domingo…
y anochece.

(Elvira Laruelo)

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

No deseo más riqueza
que la risa de los míos.
No poseo nada valioso
que antes no haya llorado.
No persigo más sueño
que el que nació conmigo.
No acepto más frontera
que la de la piel amada.
No entiendo más argumento
que la palabra desnuda.
Tómame o déjame,
es lo que hay,
así o nada.

(Elvira Laruelo)

MUJER DE OJOS TRISTES

Despertar con dos surcos de la almohada
marcados en el rostro,
ducharse, desayunar deprisa, 
maquillarse levemente
tratando de rescatar una lozanía
que hace tiempo se esfumó,
colocar el reloj en la muñeca
como un preso que tiende sus manos
admitiendo las esposas,
salir al mundo…
Y encontrarse luego,
en el espejo de un café,
con una mujer de ojos tristes
que tiene la mirada clavada en mí
y aún lleva sus miedos y sus sueños
tatuados en la cara.

(Elvira Laruelo)




Foto de Alejandro Nafría

HOY SOSPECHO

No sé el porqué, pero últimamente
pienso a menudo en aquel canario
que había en mi casa cuando era pequeña.
(Será verdad eso de que la infancia regresa

con fuerza cuanto más nos alejamos de ella.)
Lo colocábamos al sol en la ventana,
se ponía feliz con una hoja de lechuga
y lo asustaban los truenos tanto como a mí.
Nos teníamos mucha simpatía,
yo le hablaba con mimo y le contaba mil historias;
él, a cambio, saltaba agitadísimo de palo a palo
en cuanto me sabía cerca
y me dedicaba sus mejores trinos.
Hoy sospecho con tristeza
que en realidad…
quizás me estuviese suplicando
que le abriese la puerta.

(Elvira Laruelo)

AQUÍ, ENVEJECIENDO

Por la vista cansada… la mirada triste;
por las piernas pesadas y las noches insomnes
hasta la madrugada;
por el reloj, que pesa, sonando al amanecer
como una losa en la espalda
arrebatándome el abrazo piadoso de las sábanas;
por el cúmulo de todo que ya arrastran
huesos y alma.
Pero por encima de lo demás,
donde más lo noto
es en ese descreimiento de casi todo
que me empuja más y más adentro
de mi propio yo;
a pesar del corazón, todavía loco,
de los sueños bobos,
de los anhelos.

(Elvira Laruelo)

20 DE ABRIL DEL 90

Corrían mis veinte entre libros,
exámenes,
música, 
besos
y mucha
mucha falta de fe en mí misma.
Todos los golpes estaban
aún por llover,
aunque mi alma de ceniza ya los intuía.
Amarguras y frustraciones
no lograron adormecer,
por suerte,
ni la pasión ni los sueños.
Y seguí reuniendo palabras
con que tejer este colchón
que siempre me sostiene
y acoge
cuando caigo de nuevo.

(Elvira Laruelo)

ESPERANDO EL TREN

En el andén de enfrente veintitrés personas,
una sumergida en un libro y el resto en sus móviles.
En mi lado un panorama parecido,
muchos teléfonos,
nada de libros…
pero a cambio una pareja se comía a besos.
Yo,
la única boba que miraba la negrura del túnel
por donde debía aparecer la máquina
y barruntaba metáforas trilladas
y sosas
para tratar de explicar la ironía
de quien sale a la luz
para seguir un camino de hierro
trazado por otro.
Me gustan los trenes,
me inquietan los túneles,
me atraen las sendas por descubrir...
aunque haga falta un machete
y valor
para recorrerlas.

(Elvira Laruelo)

LOS QUE ESPERAN

No he tenido que huir de ninguna guerra,
mis abuelos sí, el océano se les hizo inmenso
y a pesar de que encontraron comida y techo
terminaron por regresar.
Ellos sí arrastraron en los ojos
barro, frío, miseria y hambre.
Mis padres nacieron en plena posguerra,
trabajaron desde que se sostuvieron en pie;
mi madre envolvía una piedra en un trapo
a falta de muñeca.
Yo tengo casa,
libros, alimento…
mi hijo descansa en una cama caliente
pero a nadie que lleve sangre humilde en las venas
se le puede pedir que duerma
mientras el resto
pena.

(Elvira Laruelo)

- Fotografía de Magnus Wennman, de su trabajo "Donde los niños duermen"-





Nunca encajaré en un mundo 
en el que el odio se grita
y se susurra el "te quiero".

(Elvira Laruelo)

SE BUSCA

rincón a resguardo
hasta que amaine la tristeza,
necesarias vistas a una arboleda,
libros y buena calefacción.
Se valorará mano amiga
que sostenga la mía
en los días más grises,
de los negros ya ni hablamos.
Indispensables chimenea
y chocolate negro
en el armario de la cocina,
que ha de ser blanco,
como las puertas,
las cortinas
y las macetas.
Firmo contrato a prueba
hasta fin del primer invierno.
Pago en versos.


(Elvira Laruelo)

-Libro-escultura de Sue Blackwel-

MUDANZA

Cuando el sol arroja ceniza
y los parques parecen escombreras
recuerdo, confortada,
que el mar todavía es capaz de convertir
un cadáver
en poesía.

(Elvira Laruelo)